El proceso electoral recién termina; es pronto para tener conclusiones definitivas de esta jornada. Era de esperar la existencia de diferentes lecturas a los mismos resultados. Sin embargo, considero que Cilia Flores, presidenta de la Asamblea Nacional, logró romper el molde.
Con interés leí sus declaraciones, en las cuales ofrece una pronta e inmediata reforma a la Ley del Sufragio y Participación Política.
Por un segundo, antes de entrar en el contenido de la misma, pensé que se trataba de corregir los verdaderos errores del proceso electoral. Logré hasta soñar con que la AN había tomado consciencia de los niveles de participación, de los resultados, y que estaba dispuesta a controlar las distorsiones reales de nuestro sistema electoral.
Imaginé una ley que obligara a depurar el Registro Electoral Permanente, donde ningún ciudadano pueda dudar de él; que genere la confianza necesaria, a toda la población, de que quien aparece en el REP es porque tiene el derecho de estarlo y ejerza su voto en la jurisdicción que le corresponde; que se obligara al saneamiento de nuestro sistema de identificación y cedulación.
Por un instante, pensé que se trataba de poner coto a los abusos presidenciales frente a la utilización de cadenas o el manejo de los recursos públicos en beneficio de determinados candidatos; que lograríamos equilibrar el tratamiento de las diferentes opciones en los medios del Estado.
Creía que era una reforma para restablecer la representación proporcional de las minorías y, por ende, se prohibiría la utilización de morochas o cualquier otro mecanismo que lo violente.
Me imaginé un tarjetón electoral más sencillo, sin tantas complicaciones a la hora de votar. Incluso pude ver al Plan República apoyando a un proceso que es netamente civil sin entrometerse en el mismo.
Pero definitivamente era esperar demasiado... La diputada Flores se refería a otra cosa. Ella quiere reformar la Ley para crear más centros de votación. ¿Sabrá acaso que eso lo puede hacer el CNE sin reforma alguna?; pero su argumento lo dice todo: "A la gente humilde les cuesta para salir a sufragar". ¡Claro que cada día les cuesta más ir a votar por quienes lo venían haciendo! Pero no es por ausencia de lugares, sino por falta de motivos. La desilusión se expresa, inicialmente, con la no participación.


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